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Chindasvinto y su "socio" |
Compañeros de excursiones
vespertinas por el campo atravesamos por unas relaciones un tanto tormentosas.
Más joven y mucho más ágil trato de imponerme y a la vuelta al hogar lo
abandono, me distancio y aparezco luego por el pueblo y, sin hacer caso a sus
llamadas, deambulo por las calles dueño del territorio. Él intenta imponerme su dominio cuando entro
en el corral en busca del sustento y durante un par de días se niega a salir
conmigo.
Estamos hoy de nuevo paseando con
la mosca detrás de la oreja. Uno y otro hemos intentado imponer nuestro poder
¡qué error! Somos socios y los socios cooperan y esa cooperación les beneficia
y dignifica.
¿Ilusión? Eso parece pues los
grupos políticos, económicos, religiosos se estructuran entre poderosos y
sometidos, gobernantes y súbditos de suerte que ya es clásico hablar de
diferentes formas de ejercicio de este dominio: oligarquía o dominio de unos
pocos, aristocracia o gobierno de los mejores, plutocracia o gobierno de los
ricos.
Lo que no deja de mostrarse como
un error y un horror. Los socios han de gozar de la misma dignidad y de los
mismos derechos y no estar sometidos a dominio o explotación de unos por otros.
Así que fuera toda cracia, todo dominio en las sociedades política, culturales,
deportivas, económicas y hasta en las religiosas.
Se dice que el poder corrompe y
que el poder absoluto corrompe absolutamente. A esto no damos nuestro acuerdo
ya que el poder no corrompe, es corrupción al suponer la desigualdad y el
dominio.
¿Viva pues la anarquía? En el
sentido que se suele dar a esta palabra, ni viva la anarquía ni vivan las cadenas,
sino más bien viva la cooperación. Cooperar empero no significa hacer todos lo
mismo, más en las sociedades cada vez más complejas. Cada socio tendrá su
función entre las que estarán la coordinación y dirección de las mismas,
función que no les hace superiores o diferentes ni en dominio ni en dignidad.
Emilio Botín en el Santander,
Mariano Rajoy en la nación española o Francisco en la Iglesia tienen su función
organizadora y dirigente pero no de dominio y su dignidad no es mayor que la de
un buen trabajador, un buen ciudadano o un buen cristiano.
Hablar pues de sociedades es
hablar de organizaciones ácratas de convivencia. Pero nada es absoluto en seres
limitados; y en este caso porque hay seres antisociales y las sociedades tienen
el derecho y la obligación de defenderse y esto implica el imponer la autoridad
del colectivo sobre uno o determinados individuos.
Hoy se habla del poder del
pueblo, es decir, de democracia en la que el voto mayoritario decide el
ejercicio del poder. La democracia como tal es gobierno o imposición por parte
del pueblo, esto es, un tipo de corrupción.
Se ha dicho que es el menos malo
de los sistemas de gobierno. No deja de ser un mal ya que implica dominio e
imposición, pero bienvenida sea siempre que impida o al menos lo intente el
dominio de grupos minoritarios, el dominio de los mercados, el dominio de los
ricos o el dominio de los manipuladores, tramposos o violentos.
Mi socio y yo volvemos a casa como
ácratas conversos decididos a cooperar y soñando con sociedades donde los
sujetos que las dirijan sean ácratas convencidos.
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