jueves, 14 de octubre de 2010

Sexismo

Con frecuencia repetimos trayectos y experiencias sin que nos resulten monótonas. Cada día y a distinta hora el campo tiene nuevos colores, encontramos diferentes animales y experimentamos diferentes sensaciones. Hoy volvemos a hilar en nuestra charla un tema ya tratado.

Un comunicante nos preguntaba si nuestra opinión de que la educación escolar debía ser sexuada pero no sexista, incluía la educación separada de niños y niñas. Nada más alejado de nuestros pensamientos.
Pero en esto del antisexismo caben posiciones diferentes. Es magnífico que se luche por la igualdad de derechos. Iguales derechos a la educación, en el trabajo, en la participación en la economía y en la política. Hay sin embargo posiciones extremistas que se manifiestan tanto en la educación como en el lenguaje. ¿Qué sentido tiene considerar como sexista la más mínima diferencia en los juegos o en el trato? En el campo del lenguaje se considera sexista el que no se nombre siempre a niños y a niñas, a maestros y maestras. ¡Qué horror! No se tiene en cuenta que estamos hablando de géneros gramaticales y no fisiológicos y en gramática el género masculino y a veces el femenino tienen un valor genérico si por el contexto no se reduce al género biológico. Que cuando hablamos de niños, se refiere a todo el género humano de determinada edad , que todo el innumerable mundo de los seres inanimados tienen sólo género gramatical, que la pared es femenino y el suelo masculino; que también, a veces, los animales tienen género gramatical sin tener en cuenta el fisiológico, la abeja es femenino y el abejorro masculino. Ver en todo esto sexismo es morboso.
Ya dice el refrán que los extremos se tocan. La hipersensibilidad a toda diferencia sexual se convierte de hecho en un nuevo sexismo. Y se cumple la ley del péndulo. Cuando la presión antisexista es tan agobiante que considera políticamente correcto corregir la
gramática, la reacción de la sociedad no se ha hecho esperar: exaltación y culto al sexo y a las diferencias: dietas, anorexia, botox , implantes, depresiones por no considerarse suficientemente sexy, físicamente el macho humano perfecto o la hembra humana ideal.

Existen diferencias anatómicas, de órganos, de estructura ósea, de morfología y también psicologías y culturales. Y son estas las que pueden ser neutras, positivas y negativas. Corrijamos estas de suerte que siempre seamos tratados como personas con derechos y obligaciones.

Con nuestro ministro de educación el señor Gabilondo se puede afirmar que "los escolares tienen derecho a la diferencia a ser tratados como niños y niñas, no como extraños seres asexuados; pero este derecho no supone diferencia de derechos".
Por cierto que Gabilondo sí parece dar la talla del verdadero político, es decir el que busca el bien de la "polis", de los ciudadanos. Se vio en su intento de pacto escolar. Lástima que tanto en su partido como en los otros, los auténticos políticos se encuentren rodeados de politiquillos que buscan de forma primordial el interés del partido, o ni siquiera eso, sino el bien de quienes controlan el partido. Sería mejor llamarlos aparatistas más que políticos y con tales sujetos ¡qué difícil son los pactos!, tan difícil como armonizar los intereses contrapuestos de los aparatos.

También los canes somos sexuados y las personas con las que convivimos distinguen muy bien la diferente contextura física y psíquica de machos y hembras. Pero somos tan básicamente iguales que los humanos que no conviven con nosotros ni nos distinguen.
Qué fácil admitir la realidad y qué rebuscado y conflictivo lo hacen los hombres.

2 comentarios:

  1. Es cierto que sólo el lenguaje no lo arregla, pero ayuda.

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  2. No es siempre necesario caer en los farragosos niños y niñas, maestros y maestras...o en el más tecnológico niñ@s. La riqueza del castellano nos da la oportunidad de utilizar palabras como escolares, docentes, estudiantes, que, especialmente en el ámbito escolar me parecen importantes. Por ejemplo, a las reuniones de "padres" sólo asisten "madres" o las socorridas "abuelitas", o nuevas "parejas" de la mamá porque el "padre" hace tiempo que dejó de ejercer de tal. Llamémoslo entonces Reuniones de Familias.
    Si vamos cambiando estos conceptos, haremos un lugar también a las niñas y a sus madres, y a las maestras y tutoras, mucho más presentes en el ámbito escolar que el género masculino.

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