Sí Chindas, ya son cuarenta mil
las visitas anotadas en nuestro blog. Para ser más exactos hoy martes el
marcador nos señala 40.157. ¿Qué te parece?, tú, un perro fiel y escuchante de
mis elucubraciones más o menos poéticas,
y yo, tu ama, tecleando las mismas.
Quiero
pensar que a nuestros lectores les gusta recibir de vez en cuando un hálito de
belleza en el iris de sus ojos y, tal vez, ese mutismo de las flores que en los
pueblos alfombran el suelo de las praderas, de las veredas, de los rincones y
parques, amén de balcones o ventanas, llega hasta ellos en pétalos de letras y
en aromas de entretenimiento. Siempre es nuestro deseo distraer desde esa
"otra mirada" que los acontecimientos nos ofrecen. Días de sol o
noches de desasosiego en cada casa se adentran sin permiso y es necesario
"elucubrar", dar luz a la esperanza engalanando los pormenores
escondidos que temen ser descubiertos en momentos aciagos.
Inclinan los árboles sus ramas desnudas en estos días de
frío y viento, un pajarillo juguetón se posa en el extremo de una de ellas y
trina aun sabiendo que nadie le escucha. Alza el vuelo y sus alas de papel de
seda reparten sus notas de vida.
Tiempos
de expectativas electorales se avecinan, nuestro gato desde el alero del tejado
observa a los topillos que por el patio osan aparecer y desaparecer en las
huras que hacen, intentando dar caza a alguno. Renovación, equilibrio, cordura,
bien común son objetivos que enganchan y hacen mantener en alto la
esperanza de una mejora en todos los sentidos. Pero, ¿imperará la calma, la
paciencia y la observación? Puede que este animalillo de ojos vivarachos y
orejas rosadas nos lleve a dar vueltas por el césped y se burle ratonilmente de
nuestra ingenuidad. Sopesar los fantasmas de la noche que están porvenir y
asirnos a la paciencia felina, avanzando pausadamente en pequeños logros que
pueden llevarnos al éxito deseado, siempre será más efectivo y a largo plazo se
nos acabará el hambre.
Las mañanas siguen siendo desapacibles y marchitas,
apenas un rayo de sol toca los cristales, con resorte desaparece y un gris
plomizo colorea el ambiente. Brilla la planta de interior que mira tras ellos
la calle y un amago de capullo anuncia su primavera.
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